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Neighbor Watch 03: Plan de acción

jueves, marzo 31, 2005
Había pensado en un plan para jugar a ser el destino.
Me presento con la conserje del edificio de enfrente, le explico que necesito hacer unas fotos de mi casa desde el apartamento que queda justo en frente y le pido que me diga el número. Llamo desde abajo, mi vecino me abre, entro, le explico (con aquello de que esto es una residencia de artistas uno puede apersonarse en la atelier de cualquier otro con cualquier pretexto... eso es lo que tiene el arte, que en su nombre uno hace casi todo) que estoy haciendo un proyecto y quiero sacar una foto de mi casa desde su casa. Mientras acomodo la cámara y tal: ¿nos conocemos de alguna parte?...mmm quizás sí, tu cara me suena conocida...¿no estabas tú en el Pick Clops el domingo pasado? ... Sí... Pues de ahí te conozco, yo iba con mi amiga y tu amigo nos ha pedido el diario un momento... ¡Pero que pequeño es el mundo! Así que somos vecinos... Sí, vivo justo enfrente...

Ahora vuelvo...

La conserje no está. Está el marido que no se sabe muy bien la numeración, que vuelva más tarde.

Neighbor Watch 02: Encuentros Cercanos

domingo, marzo 27, 2005
Amelia llegó hoy de Nueva York con una bolsa de plástico por equipaje. En ella traía dos libros, uno de los cuales me quedé yo (el nuevo de Ian Mc Ewan) y dos periódicos. Buscando lugar para sentarnos en el Pick-Clops descubrí a mi vecino en vivo y en directo. Nos sentamos junto a él, su amigo le pidió uno de los periódicos a Amelia. A los pocos minutos se fueron.

Le Tigre. Elysée Montmartre.

sábado, marzo 26, 2005
Había estado dos veces en el Elysée Montmartre. una para ver a Cake, hace más de tres años. Una decepción. con lo que me gustaba Cake. En un momento el concierto se volvió tan, tan aburrido que me puse a pensar en todas las posibles combinaciones con las letras que forman elysée montmartre, tipo: "yerroles mátenme", y no remé el martes", "retomen ya el ser m”, "y en el mar me resto" , "y al no ser temerme", "olerme y tensarme" y así.

La segunda fue mucho más afortunada, un concierto de Lamb. el 14 de diciembre del 2003. Geniales. Una experiencia electroespiritual, diría yo.

Y finalmente ayer me decidí a ir a sacar a le tigre de su cage. Me dije: pruebo con la acreditación de prensa, si puedo no pagar los casi 40 morlacos, entro, si no hasta luego y merci (es la tercera vez que intentó ir a ver a Le Tigre, las anteriores o no había entradas o compraba la entrada y al final tenía que salir fuera de París y me lo perdía). Pues gracias a esa maravilla que es la libertad de prensa, me quedé.

Nunca 40 euros fueron mejor no empleados. Las chicas (que son guerreras, cómo no) montan un espectáculo cómico, mágico Y musical (con cambios de vestuario, video proyecciones y coreografías) en el que uno no para de bailar, de divertirse y hasta de sentirse solidario con los reclamos de paz, las pancartas anti-bush y hasta la queer theory. Pero vamos, principalmente Le Tigre está ahí para hacerte bailar y eso, en un concierto de electro-pop (u lo que sea) se agradece.

La verdadera estrella en este asunto, el Michael Jackson (pre cirugía), el John Lennon (pre Yoko), el Buki de Le Tigre es, sin lugar a dudas, Kathleen Hanna, el resto de las integrantes, muy majas y muy enroshaá, son un vehículo para que la srita. Hanna rencarne de Bikini en Tigre. Tenemos a Johanna Fateman, que tiene pintas también de Kathleen (Turner en Serial Mom ) y que al parecer es muy buena con el sampleo y les echa la mano a las Chicks on Speed y a algunos otros colectivos (además de guerreras, las chicas son solidarias). Y finalmente JD Samson, un strange fruit donde los haya. JD Samson reivindica a la butch lesbian. Sin embargo tiene una pinta más cercana a la de un inseguro asistente técnico de IBM o un empleado puberto del Copy King de San Fernandino (por decir algo).

Durante el concierto (orquestado perfectamente en plan crescendo ) se ve en la pantalla a una serie de iconos del feminismo: Yoko Ono, Jane Fonda, Vaginal Creme Davis (hay que darle al menos el crédito del nombre), Simone de Beauvoir et al. El desfile de damas ilustres que Le Tigre presenta agradecido es un poco demasiado para escépticas del feminismo como servidora... Con la gran salvedad de las Shangi-Las... ¿qué sería de Le Tigre, de las Chicks, de las Kims, de mi misma (musicalmente hablando) sin las verdaderas leaders of the pack ?

todo es diferente en esta linda mañana

viernes, marzo 25, 2005
hoy ha salido el sol (en esta excepcional primavera parisina que hemos de agradecer a la inversión térmica) y he recordado que hace muchos años, dentro de una especie de oti infantil llamada "juguemos a cantar" un tal eric cantaba "ha salido el sol", después ese eric se convirtió en alain y se unió al grupo magneto. un día comiendo en un japonés de polanco vi a eric/alain y le pedí su autógrafo para jugarle una broma a mi amiga julieta. dicen que la memoria es selectiva, no quiero ni pensar en la que se armaba si fuera aleatoria.

la semana pasada se ha estrenado"wolf", en esta opera dirigida por alain platel bailarines, actores, cantantes, músicos y catorce perros hacen un tributo a wolf(gang) amadeus mozart. 25 de sus arias son interpretadas e intersectadas con sampleos de céline dion: "una dinámica mezcla de balet, danza africana, teatro y video con un toque amenzantemente contemporáneo dado por una jauría de perros" según time out paris.

un columnista del libération se pregunta si las lágrimas que provoca céline dion provienen de emociones similares a las que provoca mozart. si son más sublimes unas o las otras. después de media plana él se contesta que sí, que son iguales unas emociones a otras. a mi no me hace llorar ni el uno ni la otra y no sé bien que contestar. pero estoy de acuerdo en que puede no haber diferencia entre las lágrimas que me han provocado cosas irreductiblemente (y hasta mañosamente) tristes como cada canción () de sigur rós o el final de beaches (sí, la de bette midler)

hoy toca le tigre en el elysée monmartre. a mi me siguen dando ganas de ir... es cierto que ya no son lo que eran, que su último disco parece más una tesis doctoral de estudios de género que un disco de electro clash pop. claro que como dice no sé cual de los strokes, basta tener una buena melodía... después puedes cantar sobre cualquier cosa... las chicas por ejemplo. pues eso...

mesa que más aplauda

miércoles, marzo 23, 2005

la primavera de nuestro descontento

lunes, marzo 21, 2005
¿Qué tipo de persona se aventura a un documental sobre el filósofo Jacques Derrida un lunes a las 11h30? La respuesta sería variada, imagino, según el país, la ciudad, en México, D.F. o en Madrid la pregunta no tiene lugar, dicha función, en caso de existir, se proyectaría en la facultad de filosofía y los alumnos estarían obligados a asistir, so pena de ver su promedio semestral menguado.

En un lugar como París (donde el público general cree, y la razón le asiste, que todo en la vida debería ser gratis) Le Printemps du Cinéma -tres días en que las entradas a todas las pelis, en todas las salas cuestan 3,50 euros- es razón suficiente para apuntarse lo mismo a Derrida que a Glitter con Mariah Carey.

Así que, en una sala repleta, inicio mi primavera de cine con Jackie D.

Pocas personas han influenciado mi vida de la forma en que Derrida lo hizo. Su papel en mi desaprendizaje ha sido capital, de la misma forma que la televisión, mis profesores del colegio y mis amigos de la adolescencia influyeron en mi siniestro proceso de aprendizaje. Dicho de otra forma, Derrida me liberó. Sin embargo, confieso aquí, en público y por la cara, que nunca lo he leído. Por tercera vez en estas semanas he tenido que confesar mi ignorancia. No lo hago con orgullo (sólo los imbéciles se enorgullecen de lo que ignoran o de lo que no les gusta) sino con franqueza y hasta con candor.

Más tarde, siempre en primavera, una fuerza que desconozco y que en la que se mezclan curiosidad, aburrimiento y autoindulgencia, me empuja a ver Before Sunset. Hace diez años, Ethan Hawke, guapo y rabiosamente juvenil, enrollado y reflexivo, conocía a la prometedora actriz de Kieslowski, Julie Delpy, en un viaje por Europa y vivían un romance, que servidora (en su defectuosa y tópica versión Generación X) soñaba con vivir. Hoy, diez años después, en la segunda parte, Ethan Hawke hace de si mismo (sólo que con éxito como escritor) y July Delpy hace dolorosamente de ella misma (con guitarra, canciones folk y su padre) y el pobre espectador hace lo imposible por no callar a gritos a la Delpy.

¿Por qué, sin embargo, no me salí inmediatamente de los tortuosos monólogos de la Delpina? Un enigma.

Pensé que a lo mejor mejoraba (no fue el caso), que había que concederle al director el beneficio de la duda, ver su obra completa, etc. Pura cobardía o excesivo celo de mis 3.50. Hace diez años me sorprendía e intrigaba ver a la gente salir de una función. Ahora me intriga y sorprende el que no me salga yo.

Mi primavera cinéfila termina como empieza, bien. De haber sabido que Jacques Cousteau era siquiera parecido Steve Zissou (el personaje interpretado por Bill Murray en la magnífica The Life Aquatic with Steve Zissou) jamás me hubiera perdido un programa suyo.

Siempre había pensado que mi generación no parecía dar para mucho (en literatura, en cine, incluso en arte contemporáneo). Pero debo confesar que, si la vida fuera un colegio y el mundo de la creación un patio de recreo, yo haría hasta lo imposible por jugar al 1, 2, 3 por mi con la pandi de Spike Jonze, Sofia Coppola, Wes Anderson y Michel Gondry.

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StinkMitt. Le Pulp

jueves, marzo 17, 2005
En un raro frenesí de miércoles y tras una inconsecuente mezcla de alcoholes no hechos ni siquiera para estar cerca uno del otro. Acabamos en el Pulp. Así como el mundo europeo (francés sobre todo) del pinchadisqueo le debe tantísimo al Pulp (Miss Kitten, D.J. Chloé, Scratch Massive, hasta las Chicks on Speed y no sé cuantas otras hijas del electroclash) yo le debo mi vida nocturna parisina.

El Pulp no deja de darme algo de penita. En sus inicios fue pionero de tantas cosas... no que haya dejado de serlo, pero empezó como un lance avant-garde de las chicas que eran guerreras y ahora el resto de los mortales no bolleros les invadimos el localito como los mejores. Me da la impresión de que el personal es así de borde y gruñón para que sólo sobrevivan los más fuertes. Será una lástima para todas las pulperas, ver a los pringaos suburbanos tratar de ligarse todo lo que se mueve, o a todos los modernitos que van a ver y ser vistos.

Por suerte quedan algunos días en que el Pulp vuelve a ser lo de antes (sin serlo, claro, o mis amigas y yo no tendríamos muy grata acogida), las fiestas temáticas y los días de entre semana. Como un miércoles. Como ayer. Amenizaba genial -d.j. lipstick- tocando música ochentera, yo me sentía como bailando en mi habitación de adolescente... o en XE-TU. En eso, dos impresentables en pants brillositos y con cadenas de oro empiezan a rapear y a hacerse las guarras frente a dos micros (en los que estuvimos apunto de iniciar un karaoke).

Yo, gozosa como siempre en mi ignorancia, sentí mi velada arruinada y conté los segundos para que regresara la d.j. Ahora me entero que tenía frente a mi a las candienses StinkMitt, el último grito (literalemnte) de la moda electroclash... que si las produjo Bigstuff, que si son teloneras de Peaches... que son lo de hoy. Al parecer Canadá se ha despertado enojadísima de su letargo celinedionesco.

José Luis Guerín. Le Sarah Bernhardt.

lunes, marzo 14, 2005
(Rodro me ha pedido que recupere el respeto a las mayúsculas y eso intento, en su honor) José Luis Guerin llega tarde al café donde nos damos cita, el Sara Bernhardt en Châtelet (Siempre confundo los nombres de Sarah Bernhardt y Sandra Bernhard(quien por cierto ahora está de gira con Nancy Sinatra y Cyndi Lauper, un extraño trio) , en un principio me parecía tan extraño que en París existiese un bar que con el nombre de Sandra Bernhard) pero después de dos años o así de llegarle tarde a todos los franceses se me obliga la tolerancia. además, leo a Grace Paley y ni cuenta me doy.

¿En qué radica "el amor al arte"? ¿De qué depende que para algunos artistas el cine, la literatura, la creación lo sea todo. O bien, ¿es qué ahí radica la genialidad? ¿En hacer del arte nuestro todo? ¿Qué pasa por la mente de áquel que crea? Del que es un verdadero genio ausente, para quién no usar la tecnología, tener impulsos suicidas o cualquier otro de esos clichés, es una característica real. Cada vez que me encuentro con lo que parece un creador sincero, melancólico (algo que en mi generación ya no existe (pensaba que para bien, pero ahora no estoy tan segura)) y que le creo, me quedo intrigadísima y me da un poco de envidia.

Pocas veces voy a los bares de Châtelet. Es un curioso carrefour que no me atrae. No sé explicarlo bien. Me parece como un no lugar, como una estación de tren. Un lugar que sirve sólo para quedar con los demás. Sin referencia a nada más.

JLG es el hombre tranquilo. Te pregunta respondiéndote y te contesta sin responder. Es un poco una isla

el desencanto

viernes, marzo 11, 2005
En el festival Cinéma du Réel he visto "El Desencanto" (1976), como el título lo dice (o me lo dice a mi) es una radiografía de la frustración del ser humano (y del creador quizás). De la tristeza (cuando no tiene ninguna causa aparente que es cuando (en su mismo patetismo y frente a tanta tristeza justificada) más triste es) y de la incapacidad de recuperarse de ella. No esa melancolía y desesperanza que se cura con Prozacs y psicólogos, sino aquélla casi romántica (desconocida para mi generación) que ni se provoca ni se quita, por lo tanto, con nada.

La película es prácticamente de culto en España, según me cuentan. En ella se entrevista a los tres hijos y a la viuda de Leopoldo Panero a los diez años de su muerte. La madre, Felicidad Blanch, una mujer presa de una mezcla de burguesía e indolencia, salpicada de tristeza y, bueno, de desencanto. Su nombre le reflejó la vida un par de años nada más, de ahí en adelante vivió a la sombra del marido. El mayor, Juan Luis (con la consigna quizás de ser el padre) quiere a toda costa ser escritor, no tanto escribir, sino ser escritor, vive rodeado de artilugios y referencias que le permiten mantener(se) la ilusión. El pequeño, Michi, viéndolo todo desde ese tercer plano de los benjamines, pareciera tan liberado de los embrollos del resto como cargado por ellos. Los tres, con la madre, entre mil cigarros y otras tantas referencias intelectuales/ existenciales trasmitían esa sensación (a veces tan común) de estar en este mundo (esperando a dejar de estarlo) sólo porque no hay más remedio, porque no hay como escapar. Como un condenado a vida.

Me pareciera que la película pudo haberse llamado también "El Desperdicio". Da la impresión de que, sin mayores esfuerzos, estos padres normales, burgueses, intelectuales, egoístas... unos padres como los de cualquiera en su generación, le arruinaron la vida a sus hijos, arruinándosela también ellos mismos.

De repente aparece el tercer hijo: Leopoldo Panero. Leopoldo escribe no porque quiere, como el mayor, sino porque tiene que hacerlo, es casi una necesidad. Sufre con discreción y quiere, como el resto, morirse, pero no hace de ello su vida. Cada frase que sale de la boca de Leopoldo María Panero durante el documental es de una sabiduría justa. Es el único capaz de hacerse reflexiones que sobrevuelan y sobrepasan la situación de la que son todos presos. Un verdadero poeta.

Encima de las tragedias comunes, Juan Luis tiene que soportar la de ser superado en todo (hasta en las formas de cometer suicidio) por Leopoldo. El contraste entre estos dos hermanos es impactante e intrigante, ¿en qué radica que uno sea un genio y el otro sólo quiera serlo? ¿Justo en eso? ¿En la relación de necesidad y deseo que uno y el otro tienen con el arte? ¿Por qué Juan Luis camina por la calle con sombrero negro y aire sombrío, citando a Borges mientras que Leopoldo no para entre la cárcel y el manicomio (en dónde va a parar en gran parte por que su madre lo descubre fumando mariguana)? La figura de Leopoldo Panero me impresiona grandemente. Cuando sólo se es capaz de sufrir la existencia ¿a dónde va la (mi) tristeza, la melancolía y el dolor? ¿Por qué al arte? ¿Por qué no?¿O a ningún lado como en el caso de Michi? ¿Seré un poco como Juan Luis queriendo secretamente ser Michi, sabiendo que la única forma digna de sobrellevar el desencanto es ser Leopoldo?
No conocía la historia de ninguno de los hijos de Leopoldo Panero y me regocijé en tal ignorancia. Durante la película imaginaba, con más miedo que curiosidad, qué habría sido de cada uno de ellos. Por los que mencionan como sus amigos (Eduardo Haro, Vicente Molina) me imaginaba las edades que tendrían, lo que harían, ¿Quién será ahora el famoso? ¿Quién el mejor escritor? ¿Qué tan burgueses serían? ¿Sería Leopoldo ahora como Eduardo Haro?

Cojo valor por fin para buscarlos en internet. Me encuentro a Leopoldo María Panero en un hospital psiquiátrico, con la misma cara pero más viejo, entre sabio de los tiempos y abandonado infeliz. Durante el documental me imaginaba que vivía en esa época, que conocía a Leopoldo y nos enamorábamos, me preguntaba vanamente (en todos los sentidos) si podría salvarle. Me siento un poco culpable. Como si hubiera conocido a estos tres chicos (en el documental más o menos de mi edad) y hasta ahora volviera a encontrarlos. Leopoldo Panero es un poeta de culto al que Bunbury le hace homenajes. Pero en el fondo es el mismo infeliz que pareciera haber escogido ser loco como única forma de sobrevivir.

Busco a Michi y encuentro que murió, como él mismo lo predijo, de cirrosis a los 51 años hace exactamente un año. Siento haber llegado tarde.

Al día de la muerte de Michi, Juan Luis no lo había visto, ni a él ni a Leopoldo, en catorce años. El técnico de France Telecom llega justo en el momento en que me disponía a buscar a Juan Luis, alcanzo sólo a ver una foto suya. Su expresión y su mirada de desamparo, a diferencia de la de sus hermanos, son exactamente las mismas que en el documental, parece sin embargo, mucho más viejo de lo que debería ser. Leo por ahí que en 1990, después de la muerte de la madre, se ha hecho un segundo documental ("Después de tantos años") en donde se vuelven a reunir los hermanos Panero. Espero no verlo nunca.