she's got a ticket to ride but she don't care. pareciera que además de sol, los últimos fines de semana llevan incluido un pequeño viaje de reflexiones en el que lo importante no es el destino. de tal suerte que cada dos por tres:una revelación que hasta ahora por obvia había obviado. en esas ocasiones repito sistemáticamente el siguiente proceso: busco donde escribir, encuentro un ticket, vacío los contenidos de mi
corazón de
poeta y, sin falta, lo pierdo. así que llegado el lunes, tengo en mi mano un sólo ticket, el último, el único sobreviviente.
biblioteca pública. escuché en la tele que en estados unidos la gente sólo lee en dos lugares: en la escuela primaria y en el baño. yo la tengo peor: sólo puedo leer en lugares públicos. con lo que cada día la hora de la lectura se me transforma en un suplicio para encontrar el café ideal para leer. en los tres años que tengo viviendo más que un barrio en una
calle, he sido cliente de casi todos los cafés . los criterios de selección son variados: el precio del café (que aumentan hasta un euro según uno desciende la calle, la hora, el personal, los habituales... en primavera (o como sea que se le llame a este sol esquivo) la clave es la disponibilidad de las terrazas.
poquita cosa. encuentro por fin el
pick clops del que no planeo moverme hasta avanzar un capítulo de "saturday" (más adelante en el fin de semana habré de arrepentirme de precipitar esa lectura que tanto echaré en falta). a mi lado se sientan guapo y moderna y no dejan de fumar mencionando posibles nombres para su nueva boutique, marca de ropa o hijo, se van por fin guapisimamente y a mi lado se sienta lo imposible: una señorita de 1,90, rubia, con un vestidito vaporoso y unos lentes oscuros dior, en la mano una edición nuevecita y preciosa de las obras completas de chejov. una vez quitado el celofán, la rubia procede, a la lectura EN VOZ ALTA, más en plan escuela primaria que puesta en escena, de las obras completas de chejov.
metrosexual. se abren las puertas. zapatos blancos, jeans deslavados, sudadera gris abierta hasta medio pecho, aretes de diamante (hasta ahí más hortera que impresionante), bronceado perfecto, cejas depiladas, barba
perfeclty trimmed, levanta la cara. ¡david beckham se acaba de subir a la línea cuatro del metro! como niña maleducada no puedo quitarle la vista de encima. por suerte me da la espalda y puedo ver su reflejo en la puerta. la gente lo ve incrédula, los hombres tratan de no verlo fijamente, las mujeres lo ven de forma intermitente bajando la mirada. él, mezcla de tímido y chulo, ni se intimida ni se envanece. bajamos en la misma parada, no puedo seguirlo porque mis amigos me esperan.
i don't roll on shabbas.la voz americana viaja, quizás por sus agudos y su volumen, de una forma más rápida y aunque por su gangosidad no podamos entender lo que dice, nos perfora los oídos y el sueño. tres tristes turistas discuten frente al memorial. es sábado y a mi, aprovechando la ausencia de la mossad y con la recién provocada ausencia de sueño, me dan ganas de gritar desde la ventana:
saturday is shabbas. jewish day of rest. means i don't work, i don't drive a car, i don't fucking ride in a car, i don't handle money, i don't turn on the oven, and i sure as shit don't fucking roll!
second gear , i lean right. caminando hacia el kiosko para comprar el periódico y leerlo enterito sentada en un café. pienso en el que en algunas horas (debido al
decalage oceánico) estará haciendo lo mismo. en ese momento a mitad de la calle, se me vuelve evidente y me parece increíble que yo, notable mariliendre, con toda mi experiencia en el área no me haya dado cuenta. como el día en que por fin, después de años, descubrí que esa canción de yo la tengo era en realidad un cover de little honda de los beach boys. yo, obsesionada de los covers, tardé ocho años en descubrir uno (regulín, la verdad). mira tú, pienso mientras espero el cambio, así que no es timidez ni falta de química...
su nombre en un grano de arroz. un escritor que no conocía se suicidó en el fin de semana truncando su prometedora carrera como el sucesor de faulkner. rechazado por 76 editores terminó en parís tocando la guitarra en un puente. la hija de patrick modiano se compadeció de él y le invitó un café y, semanas después, una publicación. con eso en mente me abro paso entre los músicos y retratistas de los puentes, entre los pobre tipos encerrados bajo sofocantes disfraces de sarcófago, estatua, árbol, que no se moverán hasta que les echen una moneda (¿o un contrato de publicación?). en la fila del cine un grupo de chicas mexicanas se quejan de lo que tienen que pasar en sus trabajos como babysitters, los malos tratos, los niños groseros y, el sempiterno asombro del latinoamericano en parís: la precaria higiene francesa.
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