It's Not My Place (In The 9 To 5 World)
martes, agosto 29, 2006
Quizás esto tome a muchos por sorpresa pero, últimamente y en pleno verano de mi descontento, no he dejado de trabajar, esa actividad de la que según mi padre desconozco los principios básicos. Y entonces, decía, no he parado... y la principal consecuencia de mi rebosamiento laboral es que no tengo tiempo para robarme el post de alguien más, para pensar en canciones de los Ramones y mucho menos para escribir algo medianamente inspirado. Como buena previsora, le había pedido a un amigo imaginario un post real para estas fechas, pero es sabido que los amigos imaginarios aparecen únicamente en los ratos de ociosidad, así que hoy que por primera vez tengo ocupaciones mis amigos imaginarios no están por ningún lado.
Esta falta de inspiración, recurrente los últimos meses, no me afectaría en lo mínimo si estuviera en París. Allá, verán, soy conocida por mis múltiples logros profesionales y mi tormentosa vida sentimental y nadie imagina siquiera que dedique mis tardes a escribir un blog ni mucho menos que haya gente, si bien poca, que lo lea...o más incluso que comente en él. Ni que esos comentarios luego le resulten a la gente que lo lee mejores que el blog mismo.
Pero eso, como decía, ocurre en París. Por ahora estoy en donde nací, algo lejos de las orillas del río Bravo en esta linda región del continente del Arauca vibrador en donde a mi (que no soy hermana ni de la espuma ni de las garzas ni de las rosas ni del sol (ni del sol) sino de dos italianitos a los que casi nunca veo) no me conoce nadie. Las únicas personas que me identifican vagamente, además de escasos miembros de mi familia, el señor del quiosco (¿todavía se dirá voceador?) y dos o tres amigos míos que confunden mi nombre con otros como Noemí o Diana según los centilitros de vodka ingeridos. Y la cosa es que, el 78% de dichas amistades me busca exclusivamente porque escribo un blog, y en vista de la procrastinación, han empezado una campaña de presión que no me da un respiro.
Así las cosas, estaba yo a punto de ceder ante la demanda de post por post y (re)contar de mis veinte mil leguas de viajes al interior del país (empezados todos desde el interior mismo), de la compleja y sinuosa historia detrás del éxito The Flaccid Strumpets, Las Chicas Exploradoras, Los Zurcidos Invisibles (bandas a las que pertenecí), Los Tapergüers y los Imperdibles (bandas de las que fui grupi), hacer la presentación de mi atormentada amiguísima imaginaria Socorro Filigrana, hacer un copy/paste de la lista alfabética de poetas que mi amigo el Gomas me mandó por correo o simplemente filtrar algunas de las intrincadas historias binacionales que una amiga mía logra reportar desde su trinchera como vicecónsul plenipotenciaria de uno de los veinte virreinatos mexicanos en Europa.
Y entonces me detuve y retomé una decisión que últimamente me ha traído muchas ganancias y satisfacciones: el amor al (dinero que se obtiene por crear el) arte. Con lo que, queridos instigadores del post no esporádico, inicia la era del post por encargo, o lo que es lo mismo Money for post and nothin'for free (Dire Straits dixit).
(Hasta el día no muy lejano en que vuelva a mi desocupación y la imperiosa necesidad de hablar de mi venza sobre mi new found amor al dinero.)
Esta falta de inspiración, recurrente los últimos meses, no me afectaría en lo mínimo si estuviera en París. Allá, verán, soy conocida por mis múltiples logros profesionales y mi tormentosa vida sentimental y nadie imagina siquiera que dedique mis tardes a escribir un blog ni mucho menos que haya gente, si bien poca, que lo lea...o más incluso que comente en él. Ni que esos comentarios luego le resulten a la gente que lo lee mejores que el blog mismo.
Pero eso, como decía, ocurre en París. Por ahora estoy en donde nací, algo lejos de las orillas del río Bravo en esta linda región del continente del Arauca vibrador en donde a mi (que no soy hermana ni de la espuma ni de las garzas ni de las rosas ni del sol (ni del sol) sino de dos italianitos a los que casi nunca veo) no me conoce nadie. Las únicas personas que me identifican vagamente, además de escasos miembros de mi familia, el señor del quiosco (¿todavía se dirá voceador?) y dos o tres amigos míos que confunden mi nombre con otros como Noemí o Diana según los centilitros de vodka ingeridos. Y la cosa es que, el 78% de dichas amistades me busca exclusivamente porque escribo un blog, y en vista de la procrastinación, han empezado una campaña de presión que no me da un respiro.
Así las cosas, estaba yo a punto de ceder ante la demanda de post por post y (re)contar de mis veinte mil leguas de viajes al interior del país (empezados todos desde el interior mismo), de la compleja y sinuosa historia detrás del éxito The Flaccid Strumpets, Las Chicas Exploradoras, Los Zurcidos Invisibles (bandas a las que pertenecí), Los Tapergüers y los Imperdibles (bandas de las que fui grupi), hacer la presentación de mi atormentada amiguísima imaginaria Socorro Filigrana, hacer un copy/paste de la lista alfabética de poetas que mi amigo el Gomas me mandó por correo o simplemente filtrar algunas de las intrincadas historias binacionales que una amiga mía logra reportar desde su trinchera como vicecónsul plenipotenciaria de uno de los veinte virreinatos mexicanos en Europa.
Y entonces me detuve y retomé una decisión que últimamente me ha traído muchas ganancias y satisfacciones: el amor al (dinero que se obtiene por crear el) arte. Con lo que, queridos instigadores del post no esporádico, inicia la era del post por encargo, o lo que es lo mismo Money for post and nothin'for free (Dire Straits dixit).
(Hasta el día no muy lejano en que vuelva a mi desocupación y la imperiosa necesidad de hablar de mi venza sobre mi new found amor al dinero.)
Etiquetas: mi matamoros querido, the ramones
El ropero, clóset, armario, placard, etc. y las vacaciones son siempre un binomio que, con un poquito de ayuda (la soberbia imaginación de C.S. Lewis o, en mi caso, mi desmemoria crónica) produce sorpresas inesperadas. 