
Anoche tuve un sueño en donde sucedía algo completamente inusual: me ofrecía a traer las bebidas del bar en una discoteca.
Victoria Abril había pedido una mezcla de agua mineral, crema batida, Bailey's, caramelo y otro ingrediente que no recuerdo. Después de mi predecible comentario que algo tenía que ver con Starbucks, me dirigía al bar tratando de recordar los ingredientes que habría de decir en italiano al cantinero. Había olvidado cómo decir crema batida pero él, muy amable, me explicaba que conocía la receta: ¡Antonio la pide todo el tiempo y también Jennifer! El cantinero la preparaba, le daba un trago y hacía aspavientos indicando que estaba súper fuerte. Yo, sin probarla, volvía a la mesa preguntándome qué podría hacerla fuerte y cómo haría para cobrarle a Victoria Abril los siete euros pagados por su
frappuccino. Al regresar ella ya no estaba. En su lugar Claudia, una de mis compañeras del colegio (a quien no he visto en veinte años) vestida con un pantalón de cuadros negros y blancos y corbata de moño, sacando a bailar a las chicas.
Después, durante el día aprendí a apreciar a
REM.
Hace tres años
Getu Hagos Mariame, un somalí sin papeles al que se le había rehusado el asilo político, fue escoltado al aeropuerto. Al resistirse a abandonar Francia la bella, la policía, obligada sin remedio a utilizar la fuerza bruta para dejarlo quieto en su asiento, lo dejó en coma del que salió para morir al día siguiente.
Luego hace una semana viendo
Little Miss Sunshine pensaba qué postura adoptar ante el dolor de los demás, la de sufrir a la par en una depresión nebuloefímera que integra su pena a las mías engordando los archivos de mi autocompasión, la de incomodidad más o menos constante que equilibre con mi malestar el hecho de que su suerte no sea la mía, el combo impotencia/indiferencia o indolencia/indiferencia...
(Insertar video en el que
Mick Jagger y yo bailaríamos sobre los tejados del barrio canciones pre 1980 de los Rolling vestidos como beatniks... al fondo
Twiggy toca una armónica).
El miércoles pasado me robé algunas rosas blancas y rosas que, por rotas, habían desechado de la decoración en una de las pasarelas de la
Fashion Week, más tarde confundí una lluvia torrencial con los aplausos del final del desfile, salí valiente a caminar por París mojado e ídem yo arruiné mis rosas y
Le Monde, también gratuito, con un especial sobre
Tristram Shandy.
¿Esto se ha vuelto imposible o son ideas mías?
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