
Esta mañana mi nueva vecina (con amplificador ciclotímico) puso otra vez a
Bob Sinclair a todo volumen, luego muy bajito, luego a todo volumen... No me puedo quejar porque anoche tuve una fiesta de música a alto volumen (pero exquisita) y puede ser simplemente que
she wants revenge.
Mi vecina anterior, una alemana medio siniestra, ponía música tan mal ecualizada que hacía que vibraran las paredes comunes. Fue la primera (y seguramente última) vez que dije la frase: Hola soy tu vecina y me preguntaba si podrías nivelar tus bajos.
Mi otra vecina, una española al parecer, ya está con la secadora de pelo (por lo que tiene que ser española, o latinoamericana o italiana) así que todo el mundo se apresta para salir. Yo no. A mi hoy sábado no me saca nadie hasta las 9 que voy al concierto de
Stereo Total con el Capítulo Sudamericano de mi grupo de amigos.
Mientras tanto continuo contando nimiedades en detalle segura como siempre del interés que despiertan.
He llegado varias conclusiones que considero fundamentales:
Fox no sabe qué quiere decir la palabra «democracia» creo que realmente desconoce su significado pero que le gusta su sonoridad y le encanta usarla. Supongo que el uso corriente de la palabra lo sorprendió al mismo tiempo que la presidencia y le ha llevado seis años acostumbrarse a lo uno y arrepentirse de lo otro.
Propongo a los guionistas de su campaña pospresidencial que ahora suena en todos lados, aquella genialidad posfranquista de
Maruja Torres: «¡La democracia y yo con estos pelos!» (que no encuentro por ningún lado en internet).
Pensaba también en los usos del francés: años codiciando la sublimidad del francés, mal aconsejada la influencia del
Oulipo, deseando hacer con él aliteraciones, metáforas, metonimias, sinécdoques... y hoy conluyo que la satisfacción más grande que este idioma me ha dado es poder decir en una oficina pública: Esto parece la dimensión desconocida ¿Cómo que
se perdió mi
dossier? ¿Quién pierde un
dossier en el siglo XXI? ¿Su nombre por favor? Llame a su jefe. Etc.
Todo eso meditaba, ayer, pegada (como dicen los chilenos, peruanos y demás) cuando me topo en la esquina de Bonaparte y Jacob con
Bryce Echenique mirando al cielo . Le hubieras dicho algo, me dijo luego un amigo. ¿¡Algo como qué: no que ya no te gustaba París, hueón!? Además iba con una señora y a mi las señoras me intimidan.