El gabinete del doctor Clooney
viernes, enero 26, 2007
Rigo Tovar 1 cantaba eso de que a orillas del río Bravo hay una linda región, no obstante que Rigo, que además de amor es norteño, aclara que se refiere a su Matamoros (querido) yo me tomo lo de la región como la nuestra (no hay más ruta que) y la delimito desde dicho río hasta la frontera con Guatemala (Belice, we hardly knew ye).
Pues en dicha región hay una ciudad que según algunos es chinampa en un lago escondido y según otros, como un profesor gringo que tuve, the armpit of the world (en su favor, lo invadía el resentimiento postsecuestro exprés). Y además, ¡secreto escondido!, el mismo país tiene una gran región de provincias, con variadas ciudades y estados del tamaño de Francia.
Hablemos de una de ellas por ejemplo, célebre principalmente porque
Borges dice haber visto en ella un poniente que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala. Y en su favor, el de la ciudad, no he visto atardeceres iguales más que en París.
Dicha ciudad es limpia y próspera como toda ciudad católica y de derecha, en sus bulevares uno se siente en Texas y en su centro en Sevilla. Se la puede cruzar de norte a sur sin ver ni pobre ni indígena, a menos que sea pintoresco en cuyo caso se le permitirá pedir limosna en las plazas entre los boleadores de zapatos que escuchan tecno y las enfermeras que miden la presión arterial a los transeúntes por cinco pesos.
Hay pocos secretos oscuros en ella, su gran cantidad de darketos (siniestros, gothics, etc.), ahora en vías de autoextinción, una cuesta paranormal que baja mientras sube, los mejores hotdogs del universo y poco más.
El verdadero tesoro se encuentra, obvio, escondido en un centrito comercial sin más. Entre una tienda de trofeos y uniformes y un sospechoso karaoke chino tiene su consultorio George Clooney que es -por supuesto- ginecólogo (what else?) En efecto, ladies, basta tener algún mal lejanamente sospechado o incluso inventado y 700 pesos (unos 50 euros, ciudad próspera recuerden) para solicitar al Dr. Clooney una cita y su correspondiente ultrasonido.
Ya en el consultorio uno puede prolongar la cita dejándose guiar por George, hojeando enciclopedias médicas y fotos de todas las posibles mutaciones del cáncer de mama e indulgir 2así en dos de los pecados capitales: la lujuria y la hipocondría.
___________
(1) Un tema multicomplejo en el que no ahondaré entre otras cosas
porque no se puede titular un post con Clooney y extenderse con Rigo.
(2) Excelentísimos, me hace falta un verbo, si no es mucha molestia.
Pues en dicha región hay una ciudad que según algunos es chinampa en un lago escondido y según otros, como un profesor gringo que tuve, the armpit of the world (en su favor, lo invadía el resentimiento postsecuestro exprés). Y además, ¡secreto escondido!, el mismo país tiene una gran región de provincias, con variadas ciudades y estados del tamaño de Francia.
Hablemos de una de ellas por ejemplo, célebre principalmente porque
Borges dice haber visto en ella un poniente que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala. Y en su favor, el de la ciudad, no he visto atardeceres iguales más que en París.
Dicha ciudad es limpia y próspera como toda ciudad católica y de derecha, en sus bulevares uno se siente en Texas y en su centro en Sevilla. Se la puede cruzar de norte a sur sin ver ni pobre ni indígena, a menos que sea pintoresco en cuyo caso se le permitirá pedir limosna en las plazas entre los boleadores de zapatos que escuchan tecno y las enfermeras que miden la presión arterial a los transeúntes por cinco pesos.
Hay pocos secretos oscuros en ella, su gran cantidad de darketos (siniestros, gothics, etc.), ahora en vías de autoextinción, una cuesta paranormal que baja mientras sube, los mejores hotdogs del universo y poco más.
El verdadero tesoro se encuentra, obvio, escondido en un centrito comercial sin más. Entre una tienda de trofeos y uniformes y un sospechoso karaoke chino tiene su consultorio George Clooney que es -por supuesto- ginecólogo (what else?) En efecto, ladies, basta tener algún mal lejanamente sospechado o incluso inventado y 700 pesos (unos 50 euros, ciudad próspera recuerden) para solicitar al Dr. Clooney una cita y su correspondiente ultrasonido.
Ya en el consultorio uno puede prolongar la cita dejándose guiar por George, hojeando enciclopedias médicas y fotos de todas las posibles mutaciones del cáncer de mama e indulgir 2así en dos de los pecados capitales: la lujuria y la hipocondría.
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(1) Un tema multicomplejo en el que no ahondaré entre otras cosas
porque no se puede titular un post con Clooney y extenderse con Rigo.
(2) Excelentísimos, me hace falta un verbo, si no es mucha molestia.
Etiquetas: mi matamoros querido

- Quién diría que terminaríamos como en esa canción de 