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La noche de un día difícil

jueves, octubre 18, 2007
En la FNAC, la zona de información, subzona de filosofía y religión. El chico, que no lo es para nada, lleva el chaleco verde/amarillento de todos los Fnaquianos, en un pin su nombre: Hans.
-Oiga, disculpe, ¿Hans qué?- le digo segura de que lo conozco de algún lado.
-Me parece que se ha confundido, aquí damos información, pero no de ésa.
-Sólo dígame, una cosa y lo dejo, Hans qué, por favor. - insisto, Hans se acerca y me dice en voz muy baja: Küng
-¡Hans Küng! -grito- Shh Shh- grita él.
- ¿Qué hace trabajando en la FNAC?
- ¿En qué habíamos quedado?
- Está bien. Bueno, buscaba un libro de Francisco de Asís.
- ¿San Francisco de Asís? Está en espiritualidad, ¿en dónde más?
- ¿Y por qué San Agustín está en filosofía?
- Porque Agustín era un filósofo.
- No, no, era un teólogo.
- Mmm. No sé, en francés "teólogo" suena a protestante. San Agustín sería un filósofo. Y San Francisco de Asís...
- ¿un teólogo?
- Que no, que no, si apenas y escribió. Además ya le digo que suena muy protestante. Aquí le llamaríamos, ¿cómo se dice?... ah sí, Padre de la Iglesia, eso.
- ¡Padre de la Iglesia! Me suena muy católico.
- Pues ya le digo, a cada quién su santo.

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En la FIAC, día de pre-inauguración, zona de galerías rabiosamente juveniles, cuatro cajas de luz: JOHN, en una, PAUL, en otra, RINGO, GEORGE... La obra se llama "¿Cuál es su Beatle favorito?"
- ¿Se puede tocar? - pregunto, la Pili encoge los hombros - Oiga- llamo al encargado del chiringuito, un galerista guapo de traje negro Armani y camisa blanca, es decir como todos los galeristas. Se acerca displicente y nos dice:
- ¿Cuál?
Yo lo tengo clarísimo pero por cortesía busco la mirada de la Pili para consultar. Ella está sacando fotos como si no hubiese un mañana.
- Paul - le digo al Exquisito- ¿No? ¿Pili? ¿Paul?
- Sí sí, Paul- contesta la Pili a la que le da lo mismo.
El Exquisito, ya impacientado, mueve un botoncito. La luz en RINGO -hasta ahora alumbrado tan obvia e inexplicablemente como siempre- se apaga. Nada se enciende. PAUL ni siquiera parpadea. Los tres lo vemos por un rato. Nada. El exquisito se va. La Pili continúa con el reportaje gráfico. Yo me quedo. Finalmente después de dos o tres parpadeos PAUL se enciende. Nos vamos.

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En la barra del Petit Fer à Cheval leo el obituario, impresionante, a E.L.
- Es la cuarta persona que conozco que se suicida en este mes -le digo al del bar que encoge los hombros y me dice:
- Eso tenías que habérselo contado a Hans Küng.

Real Wilde Child

viernes, octubre 12, 2007
-¿Aló?
-Señora Speranza, ¿estará por ahí Oscar?
-No sé, estará leyendo, o contentándose con vivir a la sombra del éxito de sus amigos resignado a que la grandeza no es para él.
-No, no, ésa soy yo.
- Ah, mira. Me confundo siempre. ¿Tú eres la que ha renunciado a ser una joven promesa?
- La misma.
- Por teléfono suenas diferente. Espera te llamo a Oscar.
(Oscaaaaaaaaar, teléfonoooooooo)
- Wisdom comes with winters.
- Eso espero. ¿Qué hacías?
- Ponía canciones de The Pipettes en el itunes, buscaba la letra en google y cantaba fuerte. Educando mi voz. ¿Tú?
- Nada, lo de siempre, tratando de decidir si mi suerte es envidiable. ¿Qué harás el 5 de noviembre? ¿Quieres ir conmigo a ver a The Shins?
- Mira no te prometo nada, espera a la puerta de La Cigale, si no llego yo llegará alguien más.
- ¿Lo prometes?
- Lluvias de grandes pianos, bailarines de hula-hula, gente que se transforma en mariposas y la vida que te baila de la sonrisa a los pies. Eso te prometo. Tengo que irme mi mamá me llama.

A veces regreso borracho de angustia

jueves, octubre 04, 2007
I

José José me espera como siempre en el aeropuerto para que yo al volver no encuentre nada extraño. Lo veo de lejos, paradito en medio de mariachis, gringos, familias políticas y letreros que buscan a gente que dormirá en el Nikko.

Está más viejo, acabadón como dicen, hinchado de alcohol diría si entendiera bien a bien la expresión hinchado de alcohol, Me coge la maleta y caminamos hacia el Wings casi sin hablar. El Wings, suspiro, todo para no calentar el invierno de nuestra decadencia.

El del bar nos trae, sin preguntar, cubitos de hielo que dejan apenas espacio para una bebida cafesosa. Los vasos son de esos que en mi infancia se llamaban jaiboleros, no que lo supiera yo de primera mano pero los adultos, José José, se quedaban dormidos en las mesas de las fondas y en los amaneceres de las bodas haciendo tierra con un jaibolero.

José José empieza a desahogarse con el mesero y éste intenta escabullirse pretextando la falta de hielo, se lo impido cogiéndole del chaleco rojo de terlenka. Espera, le digo y en una servilleta con el logo de Wings escribo rápidamente: «Estoy presa entre las redes de un poema, eres tú quien me puede ayudar o me condena» La doblo y se la doy. Lo lees luego- le susurro sonrojándome.

II

Si me dejas ahora mi espíritu se irá tras de ti, cabalgará día y noche sintiéndose soñador y quijote - me dice José José en una voz queda y pusilánime, mientras caminamos por Beaumarchais. ¿Ya viste Control? Le pregunto pretendiendo no escucharlo y sabiendo que no la ha visto.

¿Sabes?, me dice, en realidad casi todos somos Ian Curtis. Todos tirados en nuestra camita individual de infancia, con la puerta cerrada, mirado los posters de Lou Reed, hemos soñado con letras imposibles, con el nombre de nuestra banda y bares cutres de un Nueva York en el que jamás hemos estado ni estaremos. ¿Qué hace que Ian Curtis sea una leyenda? ¿Qué hace que sean las letras de David Bowie y no las de ese otro adolescente, el de la casa de al lado en Stansfield Road, las que nos cambien, según esto, la vida?

Yo diría la suerte, contesto un poco perpleja por este inesperado arranque de José José y por el sorprendente hecho de que sepa quiénes son todas esas personas.

Buenos días amor ¿qué tiene tu cara? Que ha perdido el color, amor y no dice nada – me contesta dándole a Manuel Alejandro el punto sarcástico que tanto necesita- No creerías que soy fan de Joy División, es eso ¿verdad? Qué cerrada eres. ¿Por qué no podría serlo?
A final de cuentas mi vida ha tenido más glamour que la suya. A final de cuentas lo único que nos separa es que yo el suicidio lo llevo como la procesión. ¿Cómo se mide la depresión?

No sé bien qué contestar, ni si quiero hacerlo. Son casi las siete, aventuro que lo nuestro es hambre, es el fin del Ramadán y con seguridad encontraremos mucho que comer en algún lado, afirmo mientras me le cuelgo del brazo.

III

Decidimos volver a casa en taxi. En la radio suena «La chispa adecuada», a casi todos los taxistas mexicanos jóvenes les gusta Héroes del Silencio. Serán muy modernos como los alemanes.

Ya tengo mis entradas para el concierto, nos dice el chofer a manera de cómo ha llovido en estos días. Sonrío. Quisiera hablarle de Raphael y Bunbury y otras cosas que solo me pondrían en su lista de promesas a olvidar. Así que me callo y pongo mi cabeza en el hombro de José José para que sea como ayer y nunca más dejarnos.

- Mira, ¿te leo algo? –Le pregunto y me doy cuenta de que dormitaba- perdón.
- No, lee, lee.
- Es algo sobre Ozu. Un critico, usando un poema lo describe como «Celui qui ne s’est pas réveillé de ses réves de jeunesse»

Se queda callado y pienso que quizá no sepa quién es Ozu. O hablar francés. Pienso también en cuánto lo subestimo. Habla:

- ¿Y tú? ¿te has despertado ya? Volabas en caballo blanco el mundo y aquellas cosas no podrán volver. Déjeme aquí. – Le dice al taxista sin apenas mirarme. Se baja del coche y tras un portazo blandengue se va. Bajo la ventanilla y estoy apunto de decirle que amar y querer no es igual, que el que quiere pretende vivir y nunca sufrir… ¿Seguimos? Pregunta el taxista y yo asiento.

- Cuánto ha llovido en estos días- me dice para pasar el momento incómodo.
- ¿Sabe? – le contesto- en realidad casi nadie sabe distinguir lo complicado de lo simple.