Para decir adiós vida mía, sólo tienes que decirlo
miércoles, noviembre 21, 2007
Esta mañana he sentido nostalgia. Deduzco que se me ha agotado Madrid. M canturrea con una ingenuidad que me incomoda. He aprendido a leerlo tan bien y eso me molesta. Me da una poca de vergüenza ajena, del tipo que uno siente cuando alguien declama poesía.- Pensaba que podríamos comer juntos
- Comemos juntos casi todos los días. Todos los días en Madrid.
- Ya. Yo pensaba comer comer, podría hacer fusilli con salsa de nuez y camarones por ejemplo.
- Vas a terminar conmigo.
Hago como que no he escuchado bien. Digo ¿eh? o ¿cómo? o algo. Se va y quedamos para comer. Me instalo toda la mañana en El Comercial, entre viejos que juegan ajedrez y americanas aspirantes a Carry Bradshaw cuyo presupuesto no les permite París. Pido dos cafés con leche y algo lleno de crema. Estoy intentando llorar. Me pongo a repasar el método Stanislavski. Alec Ounsworth está atendiendo las mesas, se acerca con lo mío, se sienta a un lado y me pide que le cuente mi vida.
- Estupendo- le digo. Mi vida es como una peli setentera de John Cassavetes. Estéticamente atractiva, de sinopsis muy interesante, luego insoportablemente lenta, absurda y aburrida a vivir.
- Y sin Gena Rowlands.
- Encima.
Ounsworth se aburre conmigo (o se conmueve), se sube a una mesa y empieza a gritar: ¡Aplaudan! Los viejos dejan el ajedrez y le responden a coro: pero nos sentimos tan solos. ¡Aplaudan!, repite. Pero no servirá de nada, los viejos. ¡Aplaudan!, Ounsworth se pone pesao. Pero no tengo dinero, otro jubilado. ¡Aplaudan! ¿Qué tramas? pregunto pero no me escucha. ¡Aplaudan! ¿Dónde está mi leche y miel? Increpa una señora. ¡Aplaude! Pero me veré ridícula. ¡Aplaude! -insiste. Esperaré un rato, le digo huyendo. Es ya la una en Canarias y debo hacer la comida.
M llama y me da cita en en Mostenses para el aperitivo. Va a terminar conmigo, pienso y siento un dolor macizo bajo el omoplato.
- No puedo creer que quedemos en un mercado, lo tuyo es serio- Veo que ya no le queda cerveza y digo con soltura castiza: dos cañas. El patrón me ve sin verme y medio asiente.
- ¿Dos cañas? - el patrón pide confirmación con M Él da luz verde.
- Qué fuerte, confirma contigo, súper años 50. U ochenta, en Madrid.
- Como debe ser- bromea M- ¿y qué pasa con quedar aquí? Nos dan arroz gratis y las cañas cuestan 1,50.
- Es un mercado, por favor. Nos vemos cada seis meses, nos despedimos cada seis meses y tenemos que hacerlo aquí. Rodeados de viejos. Me paso la vida rodeada de viejos.
- ¿A qué has venido a Madrid?
- A verte, a trabajar, a destrozarme el hígado, a dormir poco y vivir peligrosamente. Hoy, por ejemplo, he pasado la mañana con la directora de programación audiovisual de un gran museo acéfalo. Después he ido a la presentación de un libro- Miento.
- ¿Y qué tal? ¿Un libro de quién?- Finge que le importa.
Olvidamos lo del fusilli. M confiesa que ha bebido y yo me pongo de malas por la doble citación. Sabina y Neruda son mucho para una frase. M recuerda la versión de Brazilian Girls y las mañanas de domingo, de sol tenue, de cariños en el cuello y de bocas que parecen cerradas con un beso y... entramos en el bar de al lado del Palentino, igual de casposo pero ignorado por la ironía fashion.
- ¿A qué has venido a Madrid?
- A morir, en realidad. Si quieres la verdad.
Josh Rouse entra en el bar se acerca y nos ofrece una canción, la que queramos, con su acento de gringo que cecea. Le pido una de José Feliciano. Toca Billy Jean.
- ¿De verdad quieres herirme? ¿De verdad quieres hacerme llorar?- le pregunta M conmovido, Josh Rouse se aleja tocando Ain't no sunshine, quisiera seguirlo pero M me lo impide.
- A morirte decías.
- Sí, estoy cansada y soy como esos perros que presienten la muerte y se esconden en una esquina para dejarse morir.
- Eres como un perro que se echa el frasco de Valium en la Purina. Eres un perro drama.
- Igual. Madrid es mi vórtice, me traga me absorbe. En Madrid no hay más que Madrid, no tengo contexto. Por eso es ideal para venir a morir. Madrid solo existe en Madrid. Tú...
- Ya.
Frente a la barra hay un espejo. Me veo la cara hinchada. Puffy, como dicen. Así se te pone la cara cuando duermes bien después de siete años de no pegar ojo, pienso. Siempre me voy a enamorar de quien de mi no se enamora, y es por eso que mi alma llora, sigo pensando. Pasa el tiempo.
- Distante y dolorosa como si hubieras muerto- M comienza a agobiarme y yo a pensar si podría enamorarme de él.
- Me daré hasta el 2008 - le digo- agosto del 2008.
- ¿Para enamorarte o para morirte? - Me pregunta como leyéndome el pensamiento.


