Bienvenida, Miss Marshall
viernes, febrero 01, 2008
Le hago señas con la mano pero no me ve, toco el klaxon bien si hubiera preferido no. Entra al coche y me pregunta si puede fumar por todo hola. Nos decimos lo básico y nos ponemos rápidamente al tanto, le extraña que sea yo la que viene a buscarla. ¿Otra vez covers? Quisiera preguntarle pero la veo tan frágil que me da miedo hacerla llorar. Es la primera vez que conduzco de vuelta del aeropuerto, alguna vez por la ventanilla del R.E.R. vi un coche abandonado y oxidado debajo de las vías. Le pregunto si le importaría que buscásemos el sitio y salimos de la autopista en la primera oportunidad. Doy varias vueltas por no sé qué banlieue, pero no doy con el coche aquel.
Mientras tanto, Chan se ha quedado dormida y empieza a soñar conmigo, sueña que le compongo canciones tontas de bienvenida y luego se las canto con un pimentero haciendo de micro: tara-tutututu-tararara-tutututu-tarara, I'VE CAT THE POWER!!
En la guantera encuentro un cassette (vamos en un Fiat 131) de Mónica Naranjo y lo pongo durante todo el viaje. Estamos un poco tarde para la cena, todavía fashionably. Encuentro lugar justo frente a la puerta, apenas lo creo. Sigue dormida. Subo el volumen. Se despierta inmediatamente. Llegamos, le digo. ¿Qué música es ésta? Me responde.
Subimos las escaleras lentamente, respirando por la boca, por el cuarto piso (vamos al séptimo) se detiene un momento. ¿Tú quieres tener hijos? Me sorprende la pregunta viniendo de ella y le digo que claro, que cada vez más. Tengo un sobrino, le cuento, de tres años, su grupo favorito es Le Tigre, le gustaría tocar con ellas y que su papá lleve a todos a casa después del concierto. Quiero tener más de uno, Chan, así podríamos ser como The Partridge Family. ¿Tú? Ella no sabe, dice. Ahora no, tiene otras cosas pendientes por solucionar. Séptimo piso, cuarto izquierda. Tocamos.
Si hubiera decidido inventar una cena francesa que describiera el estereotipo de una cena francesa, la habría escrito tal y como ésta. Los comensales son en su mayoría franceses y mayores que nosotras, es una cena en la que se sirve comida francesa, en donde se discuten temas franceses. Los que se discutirían en una película nouvelle vague en donde los personajes cenan. Del tipo que los mexicanos exiliados en Alemania, o los españoles en Baltimore, tendrían: típicamente mexicana o española en donde se hablaría de temas nacionales, se comería comida española, etc. Lo mismo aquí, pero con franceses y en París.
Chan y yo estamos muy calladitas, ella por el jet lag y yo por la pereza existencial. Los contertulios hablan excitados de las bondades de Jeanne Moreau, uno me pregunta, paternal y condescendiente, si la conozco. Je suis quand même terrienne, le digo copiando lo que respondió Joey Starr cuando le preguntaron si Bob Dylan significaba algo para él.
Nada más acabar el café nos disculpamos pretextando el cansancio y no sé qué más. La llevo al hotel y me voy a devolver el coche. En la noche me encuentro un mail suyo pidiendo una copia de lo que escuchábamos en el coche, quiere hacer una versión de ésa de "voy llorando en un taxi no importa la dirección".
